Manuel Cortés, el joven que recibió un balazo a la altura del cuello y se hizo el muerto, constituye la pieza clave de la matanza de los 10 jugadores del equipo de fútbol que fueron secuestrados por guerrilleros del ELN y asesinados, y cuyos cadáveres fueron hallados ayer en el municipio tachirense Fernández Feo.
Gracias al testimonio de Cortés se facilitó la localización de los cuerpos de sus compatriotas, en la acción que realiza el defensor del Pueblo de Colombia, Volmar Pérez, para gestionar la repatriación de los cadáveres.
Los colombianos asesinados, que se empleaban como vendedores de maní en transportes públicos, habían sido secuestrados el pasado 11 de octubre cuando jugaban fútbol en Fernández Feo, localidad venezolana del estado limítrofe Táchira.
La responsabilidad del secuestro no ha sido establecida por las autoridades del país vecino, que el sábado confirmaron el hallazgo de los cadáveres en una zona montañosa en comprensión del Táchira y el estado Mérida.
Ayer, el director del Cuerpo de Investigaciones Penales Científicas y Criminalísticas, Wilmer Flores, comentó que la matanza pudo haber sido cometida por grupos armados ilegales que actúan en la región fronteriza.
"Se trata de un crimen aleve que repudiamos de manera enérgica y creemos que las autoridades del Estado colombiano deben solicitarles a las autoridades de Venezuela que adelanten con todo rigor, con todo cuidado y con toda responsabilidad, una investigación muy estricta", dijo el defensor del pueblo, Volmar Pérez.