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Avance | Opinión | 13/08/2009 12:14:11 p.m.
En la órbita brasileña
Se hace evidente que no es Chávez quien influye ideológicamente en Lula; al contrario, aquel se subordina a la órbita económica brasileña, y en un procedimiento continuo, el Brasil va ejerciendo un control sobre nuestra soberanía, ocupando el espacio dejado por el imperialismo norteamericano
Por: Alejandro Mendible
 
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A partir de la firma de los acuerdos de 1994, entre los presidentes Rafael Caldera e Itamar Franco, ocurrida en los umbrales de la globalización en Sur América, las relaciones de Venezuela con el Brasil entran en un proceso ascendente y crean la sensación de alcanzar la integración de la diversidad sudamericana para lograr un nuevo polo civilizatorio de referencia mundial, teniendo al Brasil como su gran centro articulador.

Chávez, subordinado al proyecto fidelista, capta la importancia del vecino del sur, para su plan personal de enfrentar a los Estados Unidos.

Así, después del triunfo de Lula, considera manipularlo pero subestimando su peso como país, tomándolo como punto de apoyo y palanca para acentuar el viraje estratégico hacia Sur América y estimular el conflicto histórico entre nuestra región y Norte América. Al mismo tiempo, el Presidente venezolano se va aferrando al proyecto chatarra cubano, producto de la Guerra Fría, mientras Brasilia, teniendo sus objetivos geopolíticos claros y un plan nacional propio, actúa según sus intereses.

De allí que a partir de la huelga petrolera en Pdvsa en el año 2002, empieza a influir en la realidad política venezolana, cuando el presidente saliente, Cardoso, y el entrante Lula, coinciden en enviar un barco cargado de gasolina a nuestro país para contribuir a solventar la crisis. Entonces, el capitalismo brasileño, protegido por Itamarati, avanza cordialmente, invitado por Chávez y en el año 2005 los gobiernos alcanzan el nivel de "relaciones estratégicas".

Continuando hasta hoy, cuando las exportaciones de Brasil hacia Venezuela han crecido hasta la impresionante cifra de 858%, colocando a nuestro país entre los 10 mayores importadores de productos brasileños, peso que obliga al mandatario venezolano a tener que doblar la cerviz prometiendo que las inversiones brasileñas estarán aseguradas con un régimen preferencial. En este contexto, Venezuela pide al Brasil un préstamo de salvamento de 4,3 millardos de dólares -que podría llegar a los 10 millardos- ofreciendo como garantía las reservas petroleras del Delta del Orinoco.

Se hace evidente que no es Chávez quien influye ideológicamente en Lula; al contrario, aquel se subordina a la órbita económica brasileña, y en un procedimiento continuo, el Brasil va ejerciendo un control sobre nuestra soberanía, ocupando el espacio dejado por el imperialismo norteamericano. Por otro lado, mientras el mandatario venezolano reduce y castiga el aparato productivo nacional, Lula y todo su aparato diplomático estimulan el crecimiento industrial de su país. En este proceder dispar, vale recordar el dicho popular: cachicamo termina trabajando para lapa.


 
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